El Instituto Aragonés de la Juventud, en colaboración con el Instituto Aragonés de la Mujer y con la Fundación Piquer, a través de su programa educativo “PrevenGO”, convocó el II Concurso de microrrelatos contra la violencia de género “Jóvenes con mucho que contar”, con el objetivo de que la juventud aragonesa refleje su visión sobre el maltrato a las mujeres y reflexione sobre la importancia de prevenir cualquier tipo de violencia de género.

Podían participar en este concurso cualquier joven de 14 a 30 años, residente en Aragón, escribiendo un microrrelato que deberá versar cobre la temática del concurso y tener entre 100 y 300 palabras.

Esta actividad, que además de servir para que los/as jóvenes reflejen su visión sobre el maltrato a las mujeres en la sociedad actual, puede proporcionar una información certera y precisa a la hora de planificar actuaciones encaminadas a prevenir la violencia contra las mujeres desde los estadios más tempranos.

La violencia de género tal y como se presenta hoy en día, es un fenómeno que ha crecido a un ritmo mayor que los accidentes de coche y que los robos. Aunque todos tendamos a olvidarlo, el hogar, lugar ideal de cariño, comprensión, apoyo, respeto y satisfacción de diversas necesidades, puede ser un ámbito de riesgo. En él aparecen enfrentamientos, discusiones, roces, que en situaciones más patológicas pueden provocar la aparición de conductas violentas. Lo mismo ocurre si hablamos de relaciones de pareja.

Los relatos de Laura Cercos, David Macaya y Mar Beascoechea, han sido tres de los finalista de este concurso al que se presentaron más de 210 microrrelatos. Han sido publicados por el Instituto Aragonés de la Juventud.

Noticia Periódico de Aragón

Nos gustaría que leyerais los relatos de Laura, David y Mar, creemos que nos hacen reflexionar.

Sábana que te ata, envuelve y no deja ver
Una vez te atrapa, es muy difícil encontrar las fuerzas necesarias para salir, no sabes lo que ocurre hasta que no te encuentras tan atrapada como si una sábana te enrollase mientras duermes y no te dejara despertar, una sábana que te ata poco a poco, de forma suave, y sin darte cuenta, te va asfixiando, no te deja ver lo que ocurre en el exterior y no te deja salir. Pero si buscas, encuentras la salida, una mano que te presta su ayuda, que te desenvuelve. Te das cuenta de que estaba ahí todo el tiempo pero, por miedo a lo que podía pasar si te agarrabas a ella, no la habías visto.
La persona que amabas se convirtió en tu peor pesadilla, pero puedes despertar y abrazar a quien te prestaba esa mano.

LAURA CERCOS

La muñeca rota

Todo empieza en el cumpleaños de Luis, cuando su padre, Martín le regala una muñeca. Luis le pregunta por qué le ha regalado una muñeca, y Martín le responde que pretende enseñarle algo. Le dice que puede hacer con ella lo que quiera; por ejemplo, si se enfada, le puede arrancar un brazo o una pierna.

Poco a poco la muñeca es destrozada, hasta que todas las partes de su cuerpo están separadas. Martín le dice a Luis que deje la muñeca como estaba al principio. Luis dice que es imposible y Martín le responde diciéndole que la puede pegar con celo o con pegamento.

Luis se pone a unirla y, cuando termina, Martín le pregunta a su hijo qué ve. Luis responde diciendo que se parece a la muñeca, pero que no es igual, porque se notan todas las partes rotas, que solo están unidas.

Martín le dice: “Esto es lo que quería enseñarte”.

Cuando haces daño a alguien, es como cuando rompías la muñeca, cuando le pides perdón y esa persona te perdona, es como cuando has pegado los trozos de tu muñeca; nunca va a ser igual, porque ese daño siempre deja una huella

Desde ese día Luis decidió que enfadarse no resolvía nada, todo lo contrario, ya que hacía daño a los demás, un daño que nunca se podría reparar de verdad, pues nada volvería a ser igual.

Si en alguna ocasión Luis se enfadaba con su madre, hermana o alguna de sus amigas, siempre recordaba la imagen de su muñeca rota y, con una sonrisa, cambiaba la situación.

Él sabía que podía elegir.

 

DAVID Y. MACAYA

EL DULCE AROMA
Todo el mundo sabe lo que es una mariposa. Todos hemos corrido detrás de una y, así como la hemos perseguido, la mariposa ha escapado de nosotros.
La mariposa tiene el derecho de elegir la flor que desee. Puede elegir flores bellas o feas; tiene el derecho a elegir, ya que se verá envuelta en una relación recíproca, en la que la flor la beneficia y ella beneficia a la flor. Es simple.
La mariposa, sin embargo, puede cometer errores. Puede decidir mal, y puede no darse cuenta.
Con vuelo vacilante, la mariposa se aproxima a la flor bella, la de colores bonitos, la de aroma embriagador. Con vuelo vacilante, la mariposa imagina. Imagina que se posa sobre la flor, e imagina que la flor también se deja caer en el juego. Imagina que todo está bien.
Y, con vuelo ya no tan vacilante, se aproxima a la flor, moviendo sus pomposas alas, sacando partido de sus colores, queriendo seducir a la flor con cada movimiento.
La flor lo percibe. La flor percibe y sabe. Al ver a la mariposa aproximarse a ella, desprende un mejor aroma, deja que el viento agite sus pétalos con cierta elegancia y que el rocío se deslice por sus hojas.
La mariposa se posa sobre la flor. La flor no era como esperaba. Hace que no pueda mover sus extremidades, le rompe las alas, pone la libertad fuera de su alcance. El aroma se hace tan empalagoso que no puede respirar. No puede, no puede, no puede…
Y, tan rápido como la mariposa se da cuenta de su error, la planta se la come. La mata.

MAR BEASCOECHEA